Coaching con alma para la cuarta estrategia

Coaching con alma para la cuarta estrategia

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Toda persona tiene unas necesidades concretas y un sentimiento interior particular con ganas de aflorar. Como seres sociables que somos también necesitamos sentirnos integrados en un grupo y ser aceptados por este, los seres humanos utilizamos las competencias que tenemos a nuestro alcance para conseguirlo y sobrevivir de la mejor manera posible dentro del grupo.

Nuestras estrategias de supervivencia son bastante primarias, consisten en atacar, huir o someterse y paralizarse, lo cual en ocasiones nos provoca un estado de colapso. Cuando esto ocurre nos encontramos sumergidos en un estado de trauma, un estado que, si se mantiene en el tiempo, característica que se da únicamente en las personas, se convierte en una situación de estrés y ansiedad que puede desembocar en enfermedad.

Nos pasamos la vida buscando la felicidad deseada y en demasiadas ocasiones durante este procese el ruido de las opiniones de los demás suena más alto que nuestra propia voz y nos confunde al creer que el equilibrio personal pasa por adaptarnos al plan de ruta establecido, esto únicamente nos proporciona un beneficio momentáneo hasta que nos damos cuenta que la ruta trazada no nos lleva a nuestro destino, fundamentalmente porque el camino que seguimos no está alineado con nuestra visión y misión.

Es importante no olvidarnos que estamos influidos por los valores y creencias del entorno que nos ha enseñado y que aprendemos a adaptamos a sus límites, pero con frecuencia esos límites no nos permiten desarrollar nuestra propia identidad debido a que han sido marcados por directrices ajenas.

La evolución consciente consiste en darnos cuenta dónde estamos en cada momento y a quién seguimos, si nos sentimos a gusto ahí o permanecemos por costumbre, seguridad o miedo.

A lo largo de la vida vamos logrando cosas en función de criterios externos, (trabajo, coche, vivienda, familia, posición social, etc.,) estos avances nos satisfacen en principio, aunque a la larga no son suficientes para mantener la satisfacción personal, es cuando nos sentimos insatisfechos “teniéndolo todo”, cuando nos hacemos conscientes de que la verdadera identidad no se ve realizada y sentimos entonces la necesidad de crecer en otra dirección.

En este punto las personas pueden tomar diferentes caminos en función de su necesidad interior y del trabajo personal desarrollado. Para poder materializarse el cambio en una persona será clave la dependencia al grupo primario, la capacidad de buscar otro nuevo y trabajo del ego.

Cuando el ego se da cuenta que la estrategia utilizada no es la correcta, que se encuentra en tierra de nadie, se produce un estado de bloqueo, si no se consigue superar sume a la persona para siempre en el mundo de las sombras, ahora bien, si se traspasa con éxito, si la estrategia empleada consigue liderar al ego y convertirlo en identidad,  la lleva directamente al camino del alma, a la llamada de la aventura, a la necesidad de vivir la vida como una aventura de conciencia, con necesidad de encontrar algo que no se ha tenido, de aportar algo nuevo al mundo que nos rodea, en este punto no hay hoja de ruta establecida, hay que crear el propio camino y hay que hacerlo sobre la marcha, esta nueva dirección puede encontrarse dentro del grupo o fuera de él, pero en ambos casos esta perspectiva conduce directamente al alma y ya no hay vuelta atrás.

El coaching permite facilitar la salida del estado de colapso y crear otro verdaderamente generativo, un estado de flujo caracterizado por el flujo de información y energía. El cometido del coach es ayudar a conseguir este estado de consciencia, de concentración y de apertura, de ayudar a su cliente a CREAR UNA CUARTA ESTRAGEGIA DE SUPERVIVENCIA.

Las tres estrategias primitivas nos vienen de serie, la cuarta, la que nos permite crear el estado de flujo, hay que aprenderla y practicarla para que sea posible el milagro, esta estrategia es propiciada por el coaching con alma. Durante la primera mitad de nuestra vida no funcionamos con nuestra propia mente, vivimos con las creencias y valores de los que nos rodean, de las otras personas, para que nuestra conciencia sea verdaderamente nuestra hemos de crear una realidad propia, hemos de madurar.

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