Cómo dejar de sufrir

Cómo dejar de sufrir

Nuestro ser esencial habita en el vacío existente entre las acciones y las palabras, en el vacío que sigue a cada exhalación, en este punto termina el pasado y comienza el futuro, en este punto podemos terminar con el temor a perder lo que tenemos y podemos comenzar a reconquistar lo que somos.

El comportamiento cerebral nace en el campo quántico, en las posibilidades infinitas, el comportamiento del cerebro se corresponde con los arquetipos generadores de ideas, a su vez las ideas se convierten en pensamientos, los pensamientos son los detonantes de las emociones y las emociones se transmiten finalmente a través de nuestras acciones y nuestros comportamientos.

Las emociones nos convierten en víctimas o en aprendices, la víctima sufre mientras el aprendiz sueña. El sufrimiento no es el dolor sino la resistencia al mismo, el sufrimiento produce apego, adicción, resistencia al cambio. El aprendiz está en permanente cambio. La víctima es la que construye las enfermedades y las retroalimenta, debemos pasar de víctima a aprendiz si queremos dejar de sufrir, es importante dejar de maltratarnos y comenzar a querernos.

El amor verdadero comienza por uno mismo, estamos acostumbrados a relacionarnos con los otros, sin embargo, nuestra asignatura pendiente suele ser la relación con nosotros mismos. Para aprender a amarnos es importante ser conscientes que tenemos necesidad de amarnos, en nuestros mapas neuronales tenemos grabados los tiempos en los que nos movemos y las formas en las que nos movemos, hemos de hacer visibles los mapas mentales que nos llevan a querernos.

Nuestros hábitos inscriben el tiempo en nuestro cerebro creando mapas neuronales, cuando el tiempo se desordena se desordenan nuestros hábitos. El tiempo se aloja en nuestro cerebro reptil a la espera de un impulso, debemos aprender a canalizar nuestros instintos porque si los reprimimos, si no los dejamos salir de una manera adecuada, si los negamos, estamos negando la fuente misma.

Todo lo que se reprime se vuelve destructivo, todo lo que se proyecta a otros se nos devuelve con creces, no es fácil la redención porque las emociones tienen mil caras, se disfrazan de miedo y nos disparan desde el tallo cerebral, ese mismo miedo nos lleva a reprimir los impulsos, si no se canalizan adecuadamente acaban por ahogarnos.

Tenemos que superar el temor a nuestros propios instintos porque nuestros instintos no son ni buenos ni malos, son simplemente humanos, podemos aceptar nuestros instintos confiando en nosotros y siendo prudentes, la confianza en ti y en el otro afianza el amor en el corazón, la prudencia es la consciencia de tus propios límites, el conocimiento de los mismos nos permite transcenderlos, en el ser no existe la muerte por tanto nada puedes perder.

El miedo se ha de reconocer en el instante que surge, esto nos permite meterlo en la pausa y llevar la consciencia a ese miedo, respirar y transmutarlo. Reconocer la fuente y el origen del miedo permite someter la emoción a la mirada atenta del observador y transformarla. Acudiendo a un recuerdo alegre podemos liberarnos de la dependencia emocional, la alegría descomprime y quita la gravedad, la risa activa los circuitos del placer.

No tenemos porqué temer al placer, a través del placer conseguimos ser felices y hacer felices a los demás, cuando somos felices tenemos la capacidad de confiar, confía en ti y en el otro, date permiso para hacer el viaje del vacío a la plenitud, hacer felices a los demás a través de nuestra propia felicidad es amar, la felicidad es contagiosa, es serena, nace del interior, es la alquimia de la paz; el amor y la felicidad provocan armonía.

La felicidad provoca placer, el placer es el antídoto de los malos sentimientos, la ira contenida y retenida se convierte en amargura y resentimiento, te lleva a la cólera, hay que canalizar la ira, transmutarla. La tristeza produce nostalgia, la nostalgia un cierto romanticismo, el romanticismo activa los circuitos del placer y el placer lleva a la creatividad. Cuando no rechazamos la tristeza esta se convierte en una emoción que permite el encuentro con uno mismo. A través de la tristeza consciente se llega a la serenidad y al sentido de la justicia, pero si la reprimimos se convierte en depresión.

Aprender a identificar el bucle, aprender a apaciguar la tristeza, aprender a reconocer el placer, aceptar los instintos, tomar consciencia de ello te proporciona romper el bucle en cualquier parte del proceso y entrar en la pausa, una vez en la pausa puedes serenarte, entrar en la calma, llegar al ser. La serenidad es la confianza en el ser interior.

Las emociones negativas cuando cambian de polaridad nos llevan a disfrutar y a crecer, nunca es tarde para cambiar y siempre es tiempo de aprender, aprendamos y comencemos a soñar, soñemos y aprenderemos a dormir y a descansar.

La estrategia primitiva de supervivencia radica en nuestro cerebro reptil, en la reacción de ataque o huida, esta reacción tiene como fin enfrentar un peligro, pero cuidado, si pasado el mismo no bajamos la guardia, no rectificamos nuestro nivel de acetilcolina a través de una respuesta de relajación, la reacción que evitó el peligro se transforma en el propio peligro y nos enferma. Para mantener la plenitud de nuestro estado hemos de detectar estos tiempos y establecer las pautas que nos relajen, esto no lo vamos a conseguir si actuamos no queriendo ver, como tortuga o como avestruz, negando la evidencia, identifiquemos los arquetipos del futuro en el presente para que el aprendizaje sea adecuado. La pausa es imprescindible para localizar los apegos y reprogramar el proceso de aprendizaje, en la pausa surge el nuevo aprendizaje, el nuevo camino a la interdependencia.

Cuando dejamos de aprender dejamos de vivir, cuando dejamos de vivir dejamos de cambiar y cuando dejamos de cambiar dejamos de desaprender, esto provoca que nuestro cerebro quede imposibilitado para cambiar los patrones y sienta el dolor como sufrimiento. Entonces,

¿Qué podemos hacer para dejar de sufrir?

  • Aprender a respirar adecuadamente para relajarse, una de las técnicas más antiguas es observar la respiración, al observar la respiración el ritmo cambia, a través de la observación conseguimos que la respiración se haga más lenta y más profunda, se vuelva rítmica y pausada, la pausa ordena la respiración, se pasa de una mayor inspiración a una mayor expiración.
  • Cultivar un buen carácter, nos da la personalidad del aprendiz, lo más espiritual que podemos hacer es trabajar nuestro carácter, en un buen carácter no hay apegos, no hay confusión entre la forma y la apariencia, entre la apariencia y nuestra esencia.
  • La vulnerabilidad es otro atributo necesario para dejar de sufrir, solo los vulnerables aprenden, la vida es cambio y el cambio se da en las crisis, el caos es sensible y a través de las sensibilidades se puede cambiar, emerger, ascender.
  • La actitud frente al placer. El placer es el más poderoso de los instrumentos cuando la actitud deriva del amor. Hemos de prestar cuidado a la actitud frente al placer porque dependiendo de esta el placer puede ser destructor, la paz es placentera por eso la busco, el problema no está en la búsqueda del placer sino en la forma en la que buscamos, el placer no puede llevar al apego.

Puedo buscar el placer desde mi interior o a través de estímulos externos como fármacos, etc…. No pierdas la voluntad y te hagas esclavo de los resultados, los medios no se pueden desvincular de los fines porque entonces te pierdes la mayoría del proceso.

Cuando buscas a través de instrumentos externos lo que no tienes dentro consagras la vida al placer adictivo. Por ejemplo, sabemos que la acetilcolina produce relajación y que a través de la comida podemos producir acetilcolina, es un bucle que si no se controla nos absorbe.

  • Ser un eterno aprendiz. A través del aprendizaje restauramos nuestra identidad, encontrar la identidad verdadera requiere de un constante aprendizaje y de una relación sana y equilibrada con nosotros mismos y con el mundo, el apego es la forma patológica de la unión, nos hace adictos, para liberarnos del apego necesitamos morir, terminar, concluir, poder punto y final, a partir de aquí podemos elegir como vivir de nuevo, podemos crear un nuevo proyecto de vida y disfrutar la maravilla del amor, todos los tiempos son tu tiempo y los disfrutas, el aquí es el punto de partida para disfrutar el ahora, el silencio interior, la identidad.

Imprimir   Correo electrónico